Ya sé, ya sé. Si ustedes que ya son lectores dirán que es un sacrilegio lo que acaban de leer. Lo sé, no es lo mismo; nada se compara con abrir un libro nuevo y olerlo. Pero llega el momento en que uno tiene que caer.
Sí, yo comencé a leer libros electrónicos más por necesidad que por gusto. Hay una situación terrible en la cuestión de los libros, a diferencia de las películas que se pueden copiar una y otra vez, los derechos de los libros, se venden a las editoriales por un periodo de tiempo determinado, al terminar ese tiempo, otra editorial puede comprarlos y seguir imprimiéndolo. Pero en otros casos, esos derechos se pierden y los libros dejan de imprimirse para siempre. Sí, eso significa que ese libro que quieres leer nunca podrás tenerlo en papel, a menos que alguien te lo “preste”.
El querer uno de estos libros te lleva al internet, donde al buscarlo en línea ves que puedes conseguirlo usado, pero tal vez, está en un país muy lejano y te cuesta más el costo de envío que el libro como tal. Después te aparecen varios links para que lo compres de manera electrónica y lo piensas, dudas, te das asco y decides que no, que seguramente lo encontrarás yendo a buscarlo en las librerías del centro, las cuales cada vez son menos y no, no lo encuentras. A veces te resignas pero, a veces caes en la tentación y lo compras en línea (con asco y culpa).
En mi caso, este libro fue “Hollywood era el cielo” de Celia del Palacio. Este libro es la biografía novelada de la primera actriz mexicana en Hollywood (que no fue ni Salma, ni Yalitza) sino Lupe Vélez. Esta mujer que nació en San Luis Potosí, llego a ser una protagonista sin actuar en el papel de criada. Ella fue una explosión en todos los sentidos, todo iba al extremo. Sus traumas de la infancia, la rivalidad con otras actrices, mexicanas o extranjeras; y su forma de amar, que incluso la llevo a dispararle a uno de sus amantes, entre los cuales se encontraban Charles Chaplin, Johnny Weissmuller (el primer Tarzán) y Arturo de Córdova. Preparó el día de su muerte con una fiesta previa festejando el día de su santo, dejando todo arreglado y dejando sin nada a su familia; cuentan que su mamá y sus hermanas se enteraron de ello el día del funeral y le arrancaron todas las joyas que traía puestas antes de que la enterraran (que bonita es la familia).
El tener esta lectura a mi disposición todo el tiempo fue un descubrimiento, yo sé que puedes ir a todos lados con un libro, pero el tenerlo en tu teléfono, tablet o laptop te ahorra el tener que cargar algo extra a lo que comúnmente ya tienes contigo y de repente descubres que puedes tener contigo una librería completa en cualquier lugar en el que te encuentres. Puedes elegir entre miles de libros ya sea que estés esperando tu consulta, en tu transporte o en cualquier baño que tengas que usar (leer en el baño no es pecado).
También está la oportunidad de entrar paginas o apps gratuitas que incluyen miles de libros clásicos gratis (odio los llamados libros “Clásicos” pero esa, es otra historia), o en el caso de una novedad, puedes adquirirlo por una fracción de lo que costaría un libro físico y en estas épocas pandémicas, te ahorras el riesgo de salir y la molestia de esperar a que lleguen si los compras en línea. La primera vez es algo complicado ya que tienes que crear varias cuentas con tu correo para tener acceso a la biblioteca virtual, pero una vez que le entiendes, todo es felicidad.
Está el extra de que puedes elegir el tamaño de la letra, puedes leerlo sin tener que prender luces (obvio, te recomiendo leas con luz ya que con eso de la luz azul, la vista se cansa más rápido y es muy posible que te quedes sin dormir esa noche). El libro se queda en la última página que leíste y puedes resaltar texto o poner notas sin afectar la condición de tu libro.
Debo confesar, aun así, hay libros que no dejare de querer leer en papel, si llegara a encontrar “Hollywood era el cielo” en alguna librería y a un precio razonable, lo compraré y lo volveré a leer y creo será una experiencia diferente. Pero hay varios libros que he leído en línea que agradezco haberlos leído así, no gaste mi dinero en algo que no valía la pena tener para toda la vida. Creo que los libros impresos nunca desaparecerán pero hay que aprovechar la tecnología. Además así es casi imposible que te pidan prestado un libro y que nunca te lo devuelvan.
angelica.lobato@criteriodiario.com

