
Si algo tenemos en México es nuestro sincretismo, es decir: la mezcla y convivencia en una sola identidad, de varias teorías o creencias que inclusive pueden en principio ser opuestas; pero si, así somos, provenientes de los mexicas, tenemos creencias indígenas sumamente arraigadas, pero también, y no inicialmente por voluntad propia, tenemos también fuertemente incorporada en nuestra cultura, la fe católica; es así como la virgen de Guadalupe o “la Guadalupana”, logra unir en un sola figura representativa, este mestizaje de creencias.
Lo menciono porque las dimensiones del sincretismo en México, son en comparación con otros países latinoamericanos, las más robustas, la prevalencia de rituales prehispánicos acompañados de oraciones católicas, no son nada ajeno al mismo funcionamiento gubernamental o político en México; para el ejemplo, tenemos los recientes rituales masivos realizados en el Zócalo de México y dedicados a Tláloc el dios maya de la lluvia, los que contaron con la presencia y participación de diferentes funcionarios oficiales.
Este sincretismo nos da identidad como nación, pero también nos ha impedido la separación de las creencias religiosas y de culto, con el funcionamiento gubernamental y la creación de un sistema jurídico realmente laico, es así cómo hoy, aunque mediante la recuperación de la herencia indígena se intenta visualizar las matanzas y los sometimientos a que fueron sometidos miles de ancestros indígenas, se ha permitido una nueva discriminación e invisibilización de grupos minoritarios en México, generando con ello, una brecha de atraso social respecto de otras naciones más incluyentes.
Esta nación tiene retos que debe asumir y demandas sociales que debe cumplir, quizás ningún presidente a la fecha ha logrado efectuar o impulsar estas trasformaciones en principio porque son impopulares, pero son necesarias., las nuevas generaciones poco a poco comienzan a adquirir edad de votación y seguidamente, consciencia ciudadana, lográndose la presión democrática para que se hable de matrimonios entre personas del mismo género, adopciones por parejas del mismo género, divorcios por voluntad libre de alguno de los cónyuges, entre otros temas que van a tener que consolidarse y convivir con el sincretismo mexicano, muy exaltado pero también muy tradicional y antiprogresista.

