Por: Redacción Criterio Diario / Foto: Twitter @patnoticias
Unos 500 indígenas de tierras bajas de Bolivia arribaron cansados el jueves 30 de septiembre a la región de Santa Cruz después de una marcha de 37 días en defensa de su territorio y en rechazo a los avasallamientos en medio de aplausos de una multitud de gente que salió a recibirlos.
Una columna de indígenas de las zonas más alejadas del oriente salió de la ciudad de Trinidad, en la región amazónica de Beni, el 25 de agosto y llegó a la plaza principal de Santa Cruz, la mayor ciudad del oriente, tras recorrer unos 600 kilómetros. Muchos de ellos con ampollas en los pies, calambres y cansancio asistieron a misa.
En un petitorio, los indígenas reclamaron al gobierno “derogar todas las normativas y/o resoluciones que permiten todo tipo de avasallamiento en todos los territorios indígenas ancestrales” y una nueva redistribución de tierras en la que exigen ser incluidos, entre otros 10 puntos más.
A pesar de las peticiones, el gobierno minimizó la marcha indígena y dijo que es impulsada por la oposición política. En tanto, los opositores respaldaron a las comunidades nativas. “Las demandas han sido tergiversadas, lo cual obedece más a discursos políticos”, dijo recientemente Roberto Ríos, viceministro de la Seguridad Ciudadana.
Santa Cruz es epicentro de las disputas por tierras entre colonos supuestamente afines al gobierno, hacendados y comunidades indígenas en la región chiquitana, un rico bosque seco de gran biodiversidad vecino de la Amazonia que en 2019 sufrió un devastador incendio -en gran parte provocado por la expansión agrícola- que acabó con más de cinco millones de hectáreas, según la Fundación Amigos de la Naturaleza.
