Hace unas cuantas columnas atrás escribí sobre ChatGPT. El tema de la tecnología, especialmente de la inteligencia artificial, hoy está en boca de todos. Como sucede frente a todo cambio, principalmente tecnológico, existen posturas muy diversas que oscilan entre el optimismo y el total desacuerdo.
Independientemente de que en nuestro día a día decidamos resistirnos, o no, a las innovaciones que aparecen día a día, en otras esferas se están librando debates muy interesantes. La inteligencia artificial no está solo en ese chat, también se está pensando para todo lo que podamos imaginar. Ya, y desde hace tiempo, se están haciendo preguntas y experimentos sobre las formas en las que podemos integrar las nuevas tecnologías en la vida diaria, los gobiernos e incluso la guerra.
La carrera va muy rápido. De entrada, pensemos, por ejemplo, en los vehículos autónomos y armamento que integre inteligencia artificial. ¿Quiénes están tomando todas las decisiones? Pensemos no solamente en lo que corresponde al código o algoritmo, sino a las decisiones éticas que tienen que abordarse. Se trata de un debate tan especializado que se está concentrando principalmente en dos espacios: la de los científicos e ingenieros que innovan y el de los empresarios que venden.
Si desde otras aristas no empezamos a hacernos preguntas y a reflexionar en torno a los avances tecnológicos que nos está tocando atestiguar, difícilmente podremos involucrarnos en la forma en la que estos mismos impactarán en nuestras vidas, desde la forma en la que se regulan hasta las consecuencias de su uso. No se trata de colocarnos en sitios que nos limiten el “a favor” o “en contra”, sino más bien de entender de qué manera el mundo está cambiando y tener voz en el proceso mismo.

