“Matemúsica”

Aldo Obregón Criterios

Vamos arrancando el tercer semestre virtual. Desde hace ya muchos meses, la educación en el mundo dio un giro espiralado para terminar parada en quién sabe dónde y con la mirada perdida; lo único que es seguro es que la recién adquirida dependencia tecnológica ha demostrado que no todas las áreas pedagógicas caen de manera igualmente amable en la experiencia virtual. 

Navegando en el peligroso “tal vez”, me atrevo a escribir que este tiempo debió de ser aprovechado para desarrollar habilidades emocionales, reforzar el trabajo que los estudiantes de diferentes edades pueden hacer por y para los que conviven en casa o para recalibrar las posibilidades de la población, sin asumir que todos entienden y son afines a las nuevas herramientas tecnológicas; en vez de convertirse en un forzadísimo intento de continuar con un programa de por sí perfectible y con tremendas deficiencias, por lo menos en nuestro país. 

El hecho es que estamos aquí, ajustando y reajustando una máquina de vapor con curitas y trapos, tapando agujeros con chicle e ingeniándonoslas para entregar, cada quien, desde su trinchera de estudiante, padre o profesor, lo que las autoridades correspondientes nos exigen para comprobar de alguna forma que este tiempo no se perdió y que algún conocimiento quedó pegado a la corteza cerebral. 

“Las cuentas” 

Si hubiera quedado en mis manos (¡qué bueno que no es así!), mi primer paso como autoridad educativa todopoderosa hubiera sido contactar a los responsables de la producción del programa Plaza Sésamo (“Sesame Street”). Más de treinta años haciendo televisión educativa deben de haber dejado algunas certezas o, por lo menos, deben haber dejado errores registrados que nos pudieran evitar algunos pesares y ahorrar algo de tiempo, ¿no? 

Platicando alguna vez con un amigo titiritero de este colorido programa infantil salió rápidamente el tema de las limitaciones que la educación a distancia propone. Este amigo me comentaba que ciertos conocimientos se adquieren por simple repetición, otros pocos pueden entrar por medio de la contemplación, pero que, desde hace décadas, los guionistas y pedagogos involucrados en la serie saben que hay muchos, MUCHOS elementos y aprendizajes que requieren del trabajo uno a uno, de vivir cada experiencia como algo cercano y propio, de que no aprenda el cerebro, sino nuestra completa humanidad. La pantalla, en la mayoría de los casos, se come la parte experimental de la educación en materias abstractas como lenguas y matemáticas, mientras que convierte al conocimiento científico y a la investigación en juegos lejanos, que tienen que ver mucho más con interpretar lo ya conocido que con aventurarse a romper paradigmas y expandir nuestro concepto del universo. 

Al final se trata de hacer cuentas, pero no es lo mismo contar del uno al cinco acompañados de un carismático vampiro que contar las problemáticas y suertes que la matemática aplicada resuelve o provoca en nuestra vida. 

“¡Muévete!” 

La música se aprende a través de cuerpo. Tal vez mi adulto gusto por ciertas cumbias nació bailando en los Quince Años de alguna amiga, tal vez mi aprecio por la estridencia nació un día que me vibró el cuerpo frente a un “ampli” en algún concierto. Tal vez, no. Estoy seguro de que mi capacidad de utilizar la voz como herramienta emotiva y artística está íntimamente ligada a las experiencias de vida que el canto ha acompañado y al alivio que el mismo cuerpo ha sentido cuando al entonar la primera frase de una canción, la tristeza se eleva y deja de molestar. 

Mi técnica favorita de enseñanza musical tiene mucho más que ver con el movimiento físico y emocional que con la comprensión teórica de los conceptos tradicionales del canto. Si no puedo interpretarlo a través de algún movimiento “dancístico”, no me es posible interiorizarlo como algo propio. Así he visto que funciona intuitivamente el cerebro de varios alumnos y alumnas, sobre todo los más jóvenes. 

Traducir esta tendencia al movimiento ahora que la pantalla es la única manera de brincar los kilómetros no ha sido tarea fácil y ahora me da miedo que, cuando llegue la hora (¡que ya llegué!) de volver a pisar el salón de clases me encuentre con que ese cable se desconectó, con que este año fuera de la realidad nos revolucionó la manera de aprender. Suena de pesadilla y sé que es poco probable, pero el miedo ahí está. 

Lo único que puedo esperar es que las conexiones hechas sean fuertes y que la experiencia adquirida sea como andar en bicicleta. 

“Contando y cantando” 

Trabajé en la realización de una serie de videos educativos en los que se pretende acercar los conceptos matemáticos de manera súper intuitiva a los niños pequeños. Es baile, es juego y al mismo tiempo es interiorización matemática. Todo a larga distancia, por supuesto. 

Parece que puede funcionar, todo depende de que siga existiendo movimiento; aunque sea en casa, aunque sea de a poco, ¡Pero que no deje de haber movimiento! 

Todo parece indicar que seguiremos en modo virtual, por lo menos, todo este semestre. El sueño de regresar al salón de clases confiando en la actual campaña de vacunación se va desdibujando y la prudencia dicta aguantar un poco más. 

Regresaremos a recalibrar, a seguir tapando agujeros con chicle y, si bien nos va, tal vez se nos prenda el foco y nos demos cuenta de que ligar el concepto de “educación” en la mente de los estudiantes con la experiencia actual resultará contraproducente a largo plazo. Espero que ninguno de mis alumnos se quede con esa foto en la cabeza y, cuando se pueda, regresen con hambre de aprender viviendo, que es la única manera en que se aprende. 

@aldoobregon