Los gobiernos deberían temerle a su gente, la gente no debería temerle a sus gobiernos.
Sin embargo, muchos gobiernos han hecho lo posible por que la gente les tema, siguiendo la tesis de Maquiavelo “que es mejor ser temido que amado”, desde luego mejor para ellos. Napoleón decía que el poder radica en la apariencia del poder, y para cuidar esa apariencia los símbolos son fundamentales; se trata de todo aquello que se vea que le dé forma a lo que quiere el régimen en turno, desde pinturas hasta edificios, desde canciones hasta obras públicas pasando por uniformes, vestidos, discursos, templetes, protocolos, castigos a opositores, desfiles, ejércitos enormes, discursos, bailes, gritos de independencia, fotografías, películas, homenajes, estatuas, monumentos, nombres de calles, figuras históricas santificadas, eventos masivos, actos religiosos, etcétera. Todo lo que un gobierno muestra tiene un objetivo detrás.
Cuando Wagner compuso La Cabalgata de La Valquirias sí lo hizo con la intención de mostrar una escala épica en la que luchaban dioses y héroes germánicos por un anillo para dominar a todos (¿a qué les suena?), pero seguramente no sabía que se convertiría en el compositor favorito de Hitler, quien aprovechó además, el antisemitismo (no nazismo) de Wagner y que utilizaría su opera como propaganda para consolidar uno de los regímenes más aterradores de la historia.
Hitler en 1933 hizo a Nuremberg la sede de las conferencias del Partido Nazi, y al Teatro de la Ópera de la misma ciudad un escenario en el que se pusieron en escena las producciones épicas de Wagner supervisadas por el entonces esperanzador proyecto político hitleriano. A Las Valquirias, la propaganda nazi le llamó “la más alemana de las óperas” en el marco de la fundación del Tercer Reich. Mientras el nacionalsocialismo quemaba libros y destruía obras de arte, ponderaba a Wagner como símbolo de poder y de grandeza.
La Cabalgata de las Valquirias fue utilizada, además de por Hitler, por Francis Ford Coppola en Apocalipsis ahora, en una de las mejores películas de guerra de la historia, en la escalofriante escena en la que 9 helicópteros estadounidenses bombardean una aldea de campesinos y civiles en el marco de la invasión a Vietnam, en la que el audio se mezcla con las balas, las explosiones y los gritos. Se trata de un soundtrack que muestra un poder enorme en contra de un pueblo. Además, inspiró a George Lucas y a John Williams para componer el soundtrack de Star Wars, que desde luego centra su trama en peleas épicas en contra de un imperio autoritario con un poder enorme que se sirve a si mismo.
Escuchar La Cabalgata de las Valquirias hace pensar en un poder enorme y oscuro al que se le debe temer, en sucesos épicos dignos de enormes batallas y movimientos o en emociones revolucionarias. Sin duda el autor logró el objetivo de narrar con música movimientos de dioses, pero la sensación que nos da al escuchar su obra es la suma de la genialidad de Wagner sumada al uso que le dieron Hitler, Coppola y Lucas.

