Los libros cambian al mundo. O más bien, la difusión de las ideas a través de ellos. Sobre todo, cuando atentan en contra del orden establecido y afectan los intereses de las élites. Por eso hay quien afirma que la persona más influyente en la historia del mundo fue Johannes Gutemberg, inventor de la imprenta, medio que permitía la producción en masa de libros. Con ello, acercó La Biblia a la gente, eliminando la posibilidad de que fuera “interpretada y transmitida” por los sacerdotes.
El debate, derivado de una tensión política, sobre qué deben decir los libros de texto es uno de los más importantes para nuestro país, pues se convierten en la herramienta de lo que niñas, niños y adolescentes retendrán, incluyendo perspectivas históricas, valores, preponderancia de personajes y sus obras, herramientas para enfrentar el futuro, el contenido de los libros de texto además refleja lo que queremos del futuro de México, el tipo de persona a la que aspiramos.
Los libros no construyen futuro por sí solo, pero delimitan el futuro que queremos. No es un tema simple, desde luego si se habla, de literatura; quien escribe los libros de texto decide, por ejemplo, qué peso se le da a los poemas de Nezahualcoyotl sobre los de Jaime Sabines, si se ponderan autores extranjeros o mexicanos, si entre mexicanos se pondera más a Octavio Paz o a Carlos Fuentes, si se omite la obra de algún autor por sus acciones en vida. Todo esto determinaría gustos, visiones de mundo, la concepción misma del deber ser de un mexicano o mexicana.
Al mismo tiempo, los libros determinarían en buena medida el nivel de las operaciones matemáticas que se deben resolver en áreas de ciencias; la definición de los valores que nos forjan como mexicanos, lo que no es un tema menor. Se trata de una fuente oficial que define y moldea conceptos como libertad para un estudiante de secundaria. ¡Qué peligro que esa definición la escriba la persona equivocada!
El contenido de los libros sí debería someterse a consulta nacional; convertirse en un debate permanente que va evolucionando a la par de la sociedad. Que con la permanente actualización del conocimiento y la concepción de los valores predominantes en el contexto procurar la mayor objetividad posible, ser responsables en lo que queremos que piensen nuestras niñas, niños y jóvenes y entender la importancia del tema, con la premisa de que no existe la verdad absoluta, sino conocimientos dinámicos que avanzan a la par del contexto histórico.

