La semana pasada comencé un nuevo ritmo de escritura que sin duda será más lento y con respiros, pero que se relaciona con una serie de pequeños cambios para mi autocuidado. Por supuesto, a veces se requiere momentos de contracorriente de esta vida llena de eficiencia, producción, autoexigencias y mucho pero mucho cansancio.
No obstante, no iba a quedarme con las ganas de escribir un hilo conductor con respecto a la conmemoración del “Día de Acción Global por un Aborto Legal y Seguro”, el cual fue el lunes pasado. Tema notorio (a menos que los algoritmos me engañen), como actualmente parece ser la arena pública: dividida, extrema y polarizada. Una vez más, discursos de odio, prejuicios, creencias, suposiciones, inferencias, reflexiones, insultos, memes y todas esas bondades de este ciberespacio.
Sin embargo, traigo cuatro motivos que abonan de manera imparcial, desde los datos y los expertos, las claves más relevantes para pensar en el “sí” a la despenalización del aborto como parte de los derechos reproductivos, sexuales y las libertades de las mujeres.
1. La falta de regulación del aborto sólo afecta a las mujeres pobres.
La accesibilidad a un aborto legal y seguro es tan sólo una realidad en la minoría de Estados de todo el territorio nacional. Es decir, el marco regulatorio del aborto y sus causalidades son distintas de un territorio a otro, el cual si quisiera leer a detalle el Grupo de Información en Reproducción Elegida (GIRE) en su sitio web contiene un mapa con los códigos penales respecto a la causalidad del aborto.
Justo en ese sentido se encuentra la primera limitante para las mujeres que quieren realizarse dicho procedimiento, en caso de que en su Estado la regulación aún se encuentre penalizada. Contemplar accesibilidad a internet, acceso a comprar una prueba de embarazo, – ya que el costo varía también de acuerdo a los meses de gestación-, cubrir costos de viaje, cubrir la intervención médica, el hospedaje, entre otros gastos, supone por tanto una complicación y un costo el cual sin duda es un punto de partida distinto en el caso de las mujeres con una posición más acomodada que otras.
2. Los mexicanos no adoptan fácilmente.
El tema de decidir adoptar supone ciertas condiciones en los hogares, sumado a ello también requiere de un amplio ejercicio de solicitudes y requisitos que no son para nada rápidos ni sencillos. Según los datos de DIF Nacional durante todo 2019 hubo tan solo 5 adopciones nacionales concluidas de un total de 29 solicitudes recibidas. (DIF Nacional, 2019), mientras que según informes de UNICEF en México existen 1.6 millones de niños en situación de orfandad.
Plantear dar vida y elegir la no maternidad suponiendo que la opción de esa niña o niño será dentro de los mecanismos de adopción, involucra pocas o nulas probabilidades de una vida plena y una adopción exitosa para él o la menor.
3. No se aprende Educación Sexual Integral.
Hablar de cobertura educativa es aún en países como el nuestro un reto en la agenda del sistema educativo, que la población se encuentre alfabetizada en un sentido amplio, es un en sí algo que no se encuentra garantizado. Un estudio de los conocimientos adquiridos de Salud Sexual Reproductiva y Educación Sexual Integral en estudiantes de nivel medio superior en México arrojó que cerca de 94% recibió información sobre enfermedades de transmisión sexual (ETS), uso de condón y métodos anticonceptivos, y se sintieron en un clima de confianza. Sin embargo, los dos temas menos impartidos fueron las relaciones y el placer. (Rojas, et.al, 2017)
¿Qué nos dice esto? Que en las aulas se habla de salud genital, pero no se enseña cómo funcionan los vínculos, las dinámicas de pareja y la complejidad psicosocial de la sexualidad humana de manera integral con la salud y el cuidado físico.
4. El embarazo adolescente es sinónimo de una vida con menos oportunidades.
Tener un hijo antes de los 19 años no sólo supone peligros por razones biológicas, sino también a las condiciones sociales poco esperanzadoras. Las madres adolescentes suelen truncar sus estudios y por lo tanto a tener menos herramientas para el mercado laboral, así como menos tiempo de atención a su preparación y desarrollo. En alguna medida, esto se verá mejorado o desmejorado según exista una red de apoyo, es decir, pareja, familia o amigos.
En suma, en cualquier etapa de la vida, la maternidad podría ser un proceso de toma de decisión planeado y no un azar que implique lidiar con terribles consecuencias físicas, económicas y/o psicológicas. Llegar a planificaciones familiares y construcciones de maternidades y paternidades plenas implica aún un largo camino para la educación sexual mexicana en todos sus espacios, tanto formales, no formales e informales.
Incluso la despenalización, supone un reto aún más para la educación sexual, ya que tendrá que verse acompañada de acciones educativas encaminadas a esta toma de decisión y la orientación adecuada con los profesionales, ya que supone un desgaste médico y psicológico para las mujeres que pasan por ello. En mi opinión, la educación sexual no avanzará si se continúan perpetuando los estereotipos de género, si se continúa sobreponiendo a las creencias religiosas sobre la evidencia científica, si se siguen perpetuando los estigmas hacia las mujeres que eligen no ser madres y, sobre todo, si se continúa culpabilizando sin observar la complejidad de los contextos.
De manera concreta, tanto en la elección de la maternidad como de la no maternidad y el tipo de políticas públicas que se consoliden en los Estados, pueden generar mujeres más felices en este país, más preparadas y con mayor probabilidad de movilidad social. O, por el contrario, más mujeres en situación de pobreza, rezago educativo y con menos oportunidades laborales repetidamente generación tras generación.
fadia.marquez@criteriodiario.com
Referencias
- DIF Nacional. (2019). Datos abiertos, disponible en: https://datos.gob.mx/busca/organization/sndif
- Rojas, R. ,Castro, F., Villalobos,A., Allen, B., Romero, M., Braverman, A. y Uribe, P. (2017). Educación sexual integral: cobertura, homogeneidad, integralidad y continuidad en escuelas de México. (59)[1], p.p 19-27 disponible en http://www.scielo.org.mx/pdf/spm/v59n1/0036-3634-spm-59-01-00019.pdf
- UNICEF. (2017). Informe

