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“El Resplandor”: El terror yace en el viaje a tu locura

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Alerta de spoilers

En el extenso universo del cine de terror, pocas obras han dejado una marca tan indeleble como “El Resplandor” (1980), dirigida por el genio del suspenso Stanley Kubrick. Esta adaptación de la novela homónima de Stephen King nos sumerge en un viaje perturbador hacia la locura y el aislamiento.

La trama se centra en la familia Torrance, compuesta por Jack (interpretado por un inolvidable Jack Nicholson), su esposa Wendy (una Shelley Duvall desgarradora) y su hijo Danny (interpretado por un joven Danny Lloyd). Juntos aceptan el trabajo de cuidadores del hotel Overlook, uno que particularmente se encuentra aislado en las montañas durante el crudo invierno. Sin embargo, lo que parecería ser una oportunidad para un nuevo comienzo se convertirá rápidamente en un espiral hacia la locura y la violencia.

Kubrick logra construir un ambiente “claustrofóbico”, a través de espacios en laberinto y gracias al juego de la iluminación para crear un sentido de inquietud constante. De igual forma, la banda sonora, compuesta por Wendy Carlos y Rachel Elkind, contribuye a una atmósfera de tensión que le es completamente palpable al espectador.

En la obra se destaca el deterioro mental principalmente a través de Jack Torrance, un hombre al borde de la locura, que pasa de ser un padre preocupado a un maníaco homicida. La escena icónica donde asoma su rostro por la puerta que destroza, mientras exclama la famosa frase “¡Aquí está Johnny!”, es un momento clave que refleja la intensidad psicológica de la película.

Danny por su parte, dotado de un don conocido como “el resplandor”, mismo que le permite ver y sentir cosas que están más allá de la percepción normal, añade misterio, suspenso y terror a la trama mediante el juego de comprender ese “poder”.

“El Resplandor” transmite una experiencia sensorial gracias al meticuloso rodaje y exigencias muy peculiares, como el hecho de que una escena tuvo que ser rodada 127 veces, obteniendo incluso el récord Guinness de una escena con más tomas en la historia del cine. Aunque también bajo algunas polémicas, tal como la presión a la que Duvall fue sometida por parte de Kubrick para realizar una interpretación de “genuino terror”, provocado por la angustia y estrés que experimentó durante la producción

Es un hecho que la película con el tiempo se ha convertido en un ícono clásico del cine de terror, que destaca por una especie de psique colectiva que, gracias a una propuesta en el género cinematográfico poco convencional, con la premisa de que el horror reside no en lo desconocido, sino en lo que yace dentro de nosotros mismos, en lo que no puedes ver.