La estrella oculta dentro del Baile de los 41

Criterios Jaime A. Romano

Esta semana regresé a uno de los espacios que mas había extrañado durante esta Pandemia. A la sala de cine, con el propósito de ver la película “El Baile de los 41”.  

Para quien no ubica la cinta o la historia detrás de la misma, les doy un pequeño resumen: durante la época Porfiriana el yerno del Presidente Díaz, Ignacio Torre y Mier es sorprendido en un baile muy singular (como lo describiría José Guadalupe Posada), ya que en el mismo sólo había hombres y hombres disfrazados de mujeres, siendo una reunión de “maricones” (como lo declaran en la película y nuevamente, como lo expuso Posada en su célebre cartel). En este hecho se contaba que el personaje número 42 del baile era el mismo yerno del Presidente, quien fue liberado en el acto, permitiéndosele escapar por los techos de las casas aledañas.  

Así es que esta película narra de manera extraordinaria el hecho que estuvo en boca de la sociedad Mexicana a principios del Siglo XX. Y podría hablar de esta película por lo grandioso del vestuario, las excelentes actuaciones de Alfonso Herrera, Emiliano Zurita, Mabel Cadena o Fernando Becerril; también de la gran fotografía que tiene, pero en este caso quiero ser honesto y les diré que fue lo que capturó mi atención desde el momento que inició la película, el personaje oculto que quizás pocos de los que vivimos fuera de la Ciudad de México identificaremos.  

El Edificio ubicado en la ahora Plaza Manuel Tolsá, que alberga al Museo Nacional de Arte, al que en sus orígenes Porfirianos albergó se le denominó “Palacio de la Secretaría de Comunicaciones y Obras Públicas” es el personaje que lleva de la mano la historia que se presenta en la pantalla grande. 

Es ahí donde se nos presenta por primera vez, en su majestuoso salón de rececpiones al Presidente Díaz y a casi todos los protagonistas de esta historia. Podemos admirar la maravilla creada por Silvio Contri, desde el momento que se abren las puertas y la cámara afoca el maravilloso barandal de la escalera, disfrutando el espacio que ahora alberga a uno de los museos más importantes de la capital. 

Y es el Museo Nacional de Arte, ese personaje que debería estar en los créditos, no sólo por ser un edificio icónico de la época Porfirista, sino también porque ayuda al desarrollo de la historia.  

Si ustedes no han tenido la oportunidad de visitar este recinto, en verdad se están perdiendo de la historia que representa, desde la llegada al mismo uno queda atónito de lo que está viendo, en un imponente espacio al frente del edificio, se encuentra la Estatua Ecuestre de Carlos IV “El Caballito”, y dentro del edificio las maravillas continuan. Desde obras como una estatua de Colón, emplomados del Escudo Nacional, una extensa colección de paisajes de José María Velasco; a innumerables pinturas que por años ilustraron los libros de Texto Gratuitos de la SEP, como lo son obras de Orozco, Siqueiros, Rivera, Dr. Atl y más, el Museo Nacional de Arte es un cofre de tesoros que debe ser visitado, no sólo por lo que guarda sino por el edificio mismo que a la vez es una obra de arte y ahora una estrella de la pantalla grande.  

jaime.aguilar@criteriodiario.com