El 5 de mayo de 1862, en el Cerro de Loreto y Guadalupe un ejército mexicano improvisado, mal equipado y con menos hombres derrotó a las tropas francesas, consideradas entonces las más poderosas del mundo (al menos en la mercadoténnia de la época, producto de los afanes imperialistas de Napoleón III), contra todo pronóstico. Un milagro, aunque sólo fuera una batalla. Aunque ese día se hizo historia, con el paso del tiempo la fecha pasa en el país casi desapercibida.
Solamente en Puebla, donde ocurrió la batalla, se realizan desfiles, recreaciones históricas y ceremonias oficiales. Sin embargo, en otros lugares de México ni siquiera es reconocido como día de descanso ni una fiesta nacional. Para muchos, es apenas una efeméride. Sin embargo, ocurre un fenómeno curioso al norte del río Bravo.
En el vecino país, el “Cinco de Mayo” es la celebración más importante de la cultura mexicana, o como bien saben hacer, la más comercializada. La equiparan erróneamente al festejo del 4 de julio, que debiera ser el Día de la Independencia de México. En Estados Unidos es una verdadera fiesta que restaurantes, bares y supermercados aprovecha para vender tequila, margaritas y tacos celebrando la cultura mexicana.
¿Pero a quién se le ocurrió utilizar la Batalla de Puebla como conmemoración insignia de México en aquella nación? Pues bien, en el siglo XIX, comunidades mexicoamericanas comenzaron a conmemorar la fecha como símbolo de resistencia y orgullo nacional, frente a la adversidad que enfrentaban al residir en un país extraño. Y como pasa con todo, a partir del siglo XX la celebración fue absorbida por la industria del marketing y el entretenimiento, como Navidad, San Valentín, etcétera.
La diferencia en la intensidad del festejo en ambos países resulta interesante, pero también el sentido que cada uno le otorga: en México, es historia, un recordatorio de la defensa de la soberanía, obteniendo una victoria improbable, que se percibe como lejana. Mientras que, en Estados Unidos, significa identidad y una excusa para celebrar lo “mexicano” en tierra extranjera, aunque esto suónga caer en estereotipos.
Quien ha vivido en otro país, por el periodo que fuere, sabe perfectamente que la Patria se extraña. No sólo la comida, la casa, la gente, sino estar en el país que te vio nacer, que te vio crecer. Al estar en el extranjero, es emocionante encontrarse con alguien que habla tu idioma y que proviene del mismo país que tú, que tiene tu misma cultura.
Los mexicoamericanos aprovechan esta fecha para sentirse mexicanos. Para recordar que, aunque los discriminen, los maltraten, les paguen mal o tengan que esconderse, ese día pueden disfrutar de su cultura, de celebrar la historia de donde provienen.
Aunque los estadounidenses lo aprovechen como espectáculo y se olviden del episodio histórico, para muchos es recordatorio de su historia personal, la de sus padres o abuelos. Una historia que, aunque vivan en otro lugar, nunca los va a abandonar.

