Por: Redacción Criterio Diario / Foto: https://cambiodemichoacan.com
La Subsecretaría de Movilidad anunció que iniciará la colocación de semáforos audibles y peatonales, así como la construcción de más rampas para facilitar el desplazamiento de las personas adultas mayores en el Centro Histórico de Puebla.
El titular de la dependencia, Norman Campos, reconoció que la Zona de Monumentos carece de elementos de movilidad que tomen en cuenta las necesidades de la población de la tercera edad, lo que atribuyó a las normas técnicas del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), que han limitado la instalación de infraestructura incluyente.
Sin embargo, señaló que ya existen nuevos lineamientos que permitirán a la actual administración colocar rampas en puntos donde antes no estaban autorizadas, a fin de reducir las barreras físicas que enfrentan las personas mayores para desplazarse en el primer cuadro de la ciudad.
Otra de las acciones previstas para mejorar la accesibilidad será la colocación de semáforos audibles y peatonales en cruceros estratégicos del Centro Histórico, con el propósito de que las personas adultas mayores puedan cruzar con mayor seguridad.
Como ejemplo de las medidas que se busca replicar, Campos mencionó la avenida 16 de Septiembre, donde ya operan semáforos peatonales y cuyo modelo se extenderá a otras vialidades de la zona.
En días pasados, este diario informó que un análisis de investigadoras de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP) expone que el diseño urbano del Centro Histórico responde a una lógica patrimonialista y turística, sin incorporar una perspectiva de atención a las personas de la tercera edad, lo que contribuye a su aislamiento, afecta su autonomía y reduce sus oportunidades de inclusión social.
En el documento “Accesibilidad y exclusión normativa de adultos mayores en la peatonalización del Centro Histórico de la ciudad de Puebla”, publicado en abril, las autoras Ailed Stephanie Vargas Camarillo, María Lourdes Guevara Romero y Norma Leticia RamírezRosete señalan que las personas de la tercera edad han sido marginadas de las decisiones sobre el espacio público, lo que ha provocado su desconexión con el entorno y la omisión sistemática de sus necesidades físicas.
