A los ojos de muchos de nosotros, me atrevo a decir que de la mayoría de los mexicanos, nos resulta muy difícil concebir cómo alguien racionalmente acudiría por su propia voluntad a una urna electoral para pedir la continuidad el gobierno de Trump, sobre todo después de observar además de sus actitudes prepotentes y discriminatorias, resultados al menos cuestionables en temas económicos y en el manejo de la pandemia.
Sin embargo, en votos personales y en votos del Colegio Electoral, la mitad de los ciudadanos de uno de los países más desarrollados del mundo se identificó con Trump, lo que obedece a razones históricas y sociológicas profundas, pero que de entrada implica la facilidad con la que un discurso político hostíl impactó y generó el apoyo de 70 millones de personas. José Woldenberg escribió ayer en El Universal, “es preocupante constatar que legiones de ciudadanos se identifican con un hombre misógino, racista, mentiroso, prepotente, oscurantista (…) sin filtros éticos ni legales, ni empatía con los otros, (…) es el símbolo de una potente ola contra civilizatoria que, alimentada por el resentimiento, puede destruir mucho de lo edificado para un mejor trato entre nosotros” .
Se trata de una expresión política que polariza y que genera apoyos enormes de personas que creen que esa es la manera de gobernar, como si años de lucha por la democracia, el respeto a la ley, la inclusión, el respeto a los derechos de los demás, la libertad y la justicia social, se desvanecieran porque una persona que representa lo contrario convence a la mitad de nosotros y nos divide, sin embargo, es muy importante tener en cuenta que esa mitad, al igual que nosotros, merece tener representación y peso en los asuntos públicos.
Biden va a tener que ganar legitimidad y terreno en un ambiente con un alto nivel de polarización social y política, en el que la mitad de las personas prefirieron una opción muy arraigada en la cultura del electorado estadounidense en la cual, él se esforzó por parecer como la opción antagónica, moderada, moderna e inclusiva, ante una opción que pretendía lucir firme, intolerante y contundente que ya estaba siendo probada en el ejercicio del gobierno. Sin embargo, los electores de Trump, sobre todo considerando el enorme porcentaje que son, necesitan y tienen derecho a contar con representación política al igual que algunos grupos en México cuyas ideas son inconcebibles para mi y para mucha gente, como FRENAA o los defensores del Pin Parental, pero cuya voz es válida en la deliberación democrática.
Los cambios culturales e ideológicos son los más lentos y en ocasiones, requieren generaciones enteras para materializarse, tiene que ver con los valores más profundos y arraigados en los pueblos, suele encontrar todo tipo de resistencias muchas veces subjetivas o sin fundamentos claros y sin argumentos que valgan más allá de que así nacimos y asi crecimos. Para mal, la mayoría de los electores no racionalizamos ni desglosamos las ofertas electorales, simplemente optamos por quien nos genera más empatía que muchas veces no podemos explicar.
@pabloarechiga
