Creo que estoy enferma…

Angelica Lobato Torres Criterios

Bueno yo no, bueno así que bárbara ejemplo de salud no soy, pero ahora con esto de la pandemia ¿Quién no hace de una tos algo muy relevante?

Cuando uno está enfermo antes iba uno al doctor, ahora también está el doctor Google con el cual un dolor de cabeza puede ser un tumor cerebral, lo mismo pasa con los libros de psicología uno puede estar triste y acabar siendo un sociópata. Ahí es cuando los libros son armas de doble filo.

Hay un tipo de libros a los cuales les tengo cariño y son por ejemplo “Alimentación Y Nutrición Para La 3 Edad” de Antonio Jesús Martin Espinoza o “Lo Ganado Y Lo Perdido Con La Vejez” de Lucía Yolanda, porque eso de consultar los libros es muy de gente mayor.

Mi abuelito tenía uno y era el santo grial de lo que le pasaba, todo lo que sentía o le pasaba tenía una explicación ahí… tristemente hasta que ya no estuvo pude ver su libro, el cual ya no está disponible, y todas las anotaciones qué le hizo y entendí esos pequeños cambios que hizo en su vida; él era uno de esos señores que nunca les dolía nada, se esforzaron de más y le tiempo les cobro factura. Pero libros como esos, además de los libros de Yisus qué leyó le hicieron entender que debía aceptar el paso de los años y que lo que estaba viviendo era normal y había qué adaptarse de la mejor manera. Ese libro creo le ayudo a aceptar que a veces iba a necesitar ayuda. Al día de hoy agradezco el qué me tuviera la confianza de que le ayudará a hacer muchas cosas, incluyendo dejarme cortarle el cabello.

Otro libro que creo que me ayudo y ayudo a mi mamá fue “Cáncer de mamá. Antes Durante Y Después” de Jorge Piccolini y Carola Allemand; aún recuerdo cuando llego a la librería y tuve que acomodarlo, meses antes de que mi mamá fuera diagnosticada, en ese momento dije: ¿Esto de que ayuda? Pero cuando fue el momento de vivir la situación fue útil, para mí y para mi mamá, no teníamos idea, ella como paciente y yo como su compañera en varios procesos, de lo que iba a pasar y ese libro era muy sencillo, respondía preguntas que no habían pasado por nuestra cabeza, nos preparó para conocer las fases de todo el proceso, o qué podría pasar, bueno o malo, explicó las cirugías y los tratamientos. Nos dio esperanza de que todo podría salir bien… no fue así, pero agradezco que ese libro nos diera unas pistas.

Por último, la biblia del psicólogo, un arma de doble filo qué gracias a los dioses ya no se vende tan fácilmente, el “DSM 5. Guía De Consulta De Los Criterios Diagnósticos” de la American Psychological Association. Ese libro hace que comiences a sentirte un psicólogo, cosa que no creo haya sido una buena idea qué alguna maestra nos pidiera a estudiantes en el tercer semestre de la carrera, en especial porque nuestras mentes frágiles nos hicieron buscar nuestros problemas y decidiéramos cual era nuestro trastorno, porque como buen psicólogo, sabes que todos tenemos alguna cosa en nuestras cabecillas locas y de ahí muchos se agarraban para justificar qué fueran malas personas, dios, me acuerdo de un compañero, muy inteligente y con el don del convencimiento, que sabiéndose uno de los pocos heterosexuales en una facultad 80% femenina, te hacia la plática y si eras algo lista sabias te estaba analizando, muchas cayeron en el juego y morían por él. Yo también busque la explicación a mis problemas, pero al no tener la capacidad y los conocimientos creí que tenía demasiados síndromes y enfermedades… y no lo dudo, pero definitivamente no es un libro para que cualquiera consulte… serían como si cualquiera, por leer o consultar un libro de física cuántica pudiera manejar material radioactivo.

Consultar los libros siempre será algo útil, saber cómo manejar esa información creo ya es algo mucho más avanzado… recuerden qué como diría George Harrison en una canción “mientras más aprendo, menos conozco” frase de Michel Legrand, nunca se deja de aprender y porque esté en un libro no significa que sea verdad.