La pérdida nos enseña
A lo largo de la vida, todas las personas enfrentan gran cantidad de cambios y pérdidas. En la vejez, éstas se ven incrementadas, requiriendo un mayor esfuerzo para para poder elaborar su duelo. Duelar por los roles que se pierden, es muy difícil a la tercera edad. Esto puede ser por fallecimiento de personas queridas, la despedida de etapas vitales previas, la conciencia de la propia muerte, los ideales perdidos, por aquello que pudo haber sido y nunca será, llevan al adulto mayor a tener que hacer el duelo por su propio envejecimiento. Ante estas pérdidas, la persona puede verse en un estado de pena y tristeza. La tristeza como estado de ánimo predominante, no necesariamente indica enfermedad. De una manera similar, la apatía, el desinterés, el descuido en el aspecto personal, la inhibición psicomotriz, períodos de insomnio, o alteraciones en la alimentación, pueden acompañar todo proceso de duelo en sus primeras etapas.
Recordemos que el duelo es un proceso psicológico saludable y necesario, que se pone en marcha por la pérdida de un objeto amado, y que comúnmente lleva al abandono de dicho objeto. Se acompaña de pena y puede ser seguido o no por el establecimiento de una nueva relación con otra persona. No se habla de duelo solo en ´pérdidas de personas queridas también, podemos hablar de duelo cuando aparece la perdida de cosas materiales o bien cambios en las capacidades físicas o psíquicas, mudanzas de vivienda para tener que ir a vivir con los hijos.
Algunos autores enumeran algunas situaciones vitales que se dan en la vejez que requieren del proceso de duelo:
• La viudez: representa una serie de cambios que involucran lo afectivo, el sentirse apoyado y cuidado, la seguridad económica, etc. La pérdida de la compañía de la pareja quien estuvo toda la vida a nuestro lado.
• Los cambios en la pareja: en parte relacionados con la ida de los hijos o la jubilación, que implican cambios en las formas de convivencia. Muchas veces el dejar de trabajar y estar todo el tiempo en casa es adaptarnos a una nueva forma de convivir con nuestra pareja, ya que antes solo la teníamos por cortos periodos de tiempo.
• Los cambios en la sexualidad: debidos a cambios en la capacidad sexual, nuevas maneras de relación entre los miembros de la pareja, falta de erotismo y muchas veces ausencia de relaciones.
• La jubilación: implica no solo un cambio de rol, sino también un cambio en la identidad de la persona. Lleva a tener a la pareja de tiempo completo en casa y tener que acostumbrarse a tener siete por veinticuatro a la pareja que antes salía a trabajar casi diez o doce horas del día.
• Los cambios económicos: que producen una cierta sensación de dependencia. Cuando por fallecimiento de la pareja o jubilación se tiene que ir a vivir con los hijos o generar una dependencia económica eco ellos
• Las pérdidas en las capacidades sensoriales y cognitivas: el oído, la marcha, la vista, los cambios en la memoria, la atención, que pueden provocar aislamiento social e inseguridad personal.
• La preocupación por el cambio de imagen: las señales en el cuerpo del paso de los años, arrugas, cabello con canas, etc. Fundamentalmente la pérdida del control personal o autonomía.
• El miedo a la enfermedad, a la discapacidad, y a la muerte: en la mediana edad era visto como algo posible pero lejano, en la vejez se hace más presente.
El duelo en las personas adulto mayor se viven y sienten así:
NEGACIÓN: Se manifiesta con agitación, llanto, protestas, desasosiego y negación de la pérdida. La persona busca encontrar culpables en el objeto mismo, en el médico y finalmente suele responsabilizarse a sí mismo. Expresa ingratitud hacia los que tratan de consolarlo.
IDENTIFICACIÓN: Persiste la desesperanza, la conducta se desorganiza, hay descuido en el vestir, en el aspecto personal, se desatiende la propia salud. Se manifiestan los trastornos en la alimentación y en el dormir. En esta fase hay una aceptación de la pérdida. La tristeza aparece en toda su magnitud. Siente que el mundo no tiene sentido. Se retrae, no acepta salir, nada lo distrae. Manifiesta desinterés por el mundo externo
RECOLECCIÓN: La incorporación de nuevos intereses y relaciones marca la finalización del proceso de duelo. Con el paso del tiempo y la elaboración correspondiente, la persona doliente siente que los recuerdos de la pérdida cada vez más lejanos. Su conversación empieza a abordar otros temas y recupera sus actividades. Comienza a salir. Retoma hábitos de cuidado personal.
Muchas veces creemos que las personas mayores son más vulnerables ante la pérdida de seres queridos, de salud, de economía, etc. Esto lleva muchas veces a que los hijos excluyan a sus padres de los rituales ante la pérdida por temor a que no puedan soportar el dolor. Que los acojan en casa, pero se conviertan en un mueble y no los integren a su círculo familiar.
En muchas personas mayores el duelo se prolonga en forma desmesurada, predominando una sensación de tristeza interminable. Para otros, en cambio, la conciencia del final de la vida actúa como motor para la reconexión con el mundo externo Es muy importante que la persona mayor pueda expresar su dolor de acuerdo a sus propias costumbres. Si se ve imposibilitado de hacerlo por características de su personalidad, por las exigencias del medio, o por no querer incomodar a sus hijos, su proceso de duelo es más largo. Muchas veces es necesario buscar ayuda de un profesional para poder ayudar a salir de su duelo y poder integrarse a su nuevo estilo de vida.
Los que tengamos un adulto mayor en duelo tenemos la obligación de estar con ellos y buscar la ayuda profesional para que pueda ser lo más breve y doloroso su duelo. Debemos hacerlo sentir útil y sobre todo que es parte de una familia y sentir el amor que se tiene para él.
¡Vida, nada me debes! ¡Vida, estamos en paz!
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